
El miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE), Piero Cipollone, dijo en una entrevista con la televisión letona el 2 de abril que el plan del euro digital “va con buen ritmo”; no se observan obstáculos importantes a nivel legislativo en este momento, y se espera que se emita oficialmente en julio de 2029. Señaló que todas las partes ya han alcanzado un consenso suficiente sobre la propuesta de moneda única digital presentada por la Comisión Europea en 2023.
La emisión final del euro digital depende de varios hitos secuenciales de la legislación de la UE. El estado actual es el siguiente:
Posición común de los Estados miembros: Los Estados miembros de la UE alcanzaron el año pasado, en diciembre, una posición común sobre la propuesta de euro digital, estableciendo la base política a nivel del Consejo de la Unión Europea (Council)
Posición del Parlamento Europeo: El Parlamento Europeo votó en febrero de este año a favor de una propuesta para versiones en línea y fuera de línea del euro digital, y se encuentra en la fase final de confirmación del documento oficial de postura
Negociaciones a tres bandas (Trilogue): Tras la confirmación de sus respectivas posturas por parte de los dos grandes órganos legislativos, se podrán iniciar las negociaciones formales de legislación entre la UE y el Parlamento Europeo
Fase piloto: El BCE planea iniciar en la segunda mitad de 2027 una fase piloto de 12 meses; la disposición de participación de los distintos bancos va en aumento continuo
Emisión oficial: Si la legislación se completa antes de finales de 2026, el objetivo del euro digital es lanzarse oficialmente en julio de 2029
Cipollone señaló: “En este momento, las partes ya han alcanzado un consenso suficiente; el proyecto puede avanzar sin problemas. Estoy seguro de que podremos cumplir a tiempo, y no habrá ningún obstáculo importante desde ahora hasta la emisión”.
El avance acelerado del plan del euro digital está estrechamente relacionado con la atención sostenida de los responsables europeos a la cuestión de la soberanía financiera. La directora del BCE, Christine Lagarde, y varios responsables de la formulación de políticas han expresado repetidamente su preocupación por la dependencia a largo plazo del sistema de pagos europeo de empresas estadounidenses como Visa y Mastercard; además, la administración de Trump impulsa activamente la adopción global acelerada de monedas estables denominadas en dólares, lo que refuerza aún más la urgencia estratégica de que Europa lance su propia moneda digital.
Desde una perspectiva estructural, el euro digital se plantea como la herramienta central para que la UE mantenga la soberanía de pagos y reduzca la dependencia del sistema en dólares. A medida que la competencia en el ámbito de las monedas digitales de banco central (CBDC) entre las principales economías continúa intensificándose, el calendario de impulso del BCE también soporta presiones estratégicas crecientes.
El euro digital es una moneda digital de banco central (CBDC) que el BCE planea emitir, y ofrece una forma digital del euro respaldada por instituciones públicas; puede usarse en línea y fuera de línea, como complemento del efectivo físico existente y de los depósitos en bancos comerciales, en lugar de sustituirlos.
El BCE tiene como objetivo iniciar en la segunda mitad de 2027 una fase piloto de 12 meses; si el proceso legislativo se completa antes de finales de 2026, se prevé que el euro digital se emita oficialmente en julio de 2029. La velocidad real con la que avancen las negociaciones legislativas es la mayor variable que determinará si el calendario puede cumplirse.
Los responsables europeos consideran que la dependencia excesiva de infraestructura de pagos estadounidense como Visa y Mastercard, así como la expansión global de las monedas estables en dólares, constituyen un riesgo estructural para la soberanía financiera de Europa. El euro digital pretende ofrecer a la zona del euro un conjunto de infraestructura de pagos digitales controlada directamente por instituciones públicas europeas, reduciendo la dependencia sistémica del sistema financiero externo.