¡La situación entre China, EE. UU. y Rusia se aclara! ¿Se atreverá EE. UU. a controlar el estrecho de Malaca? China no tiene más opción que retroceder; esta es una arteria vital global, no una propiedad privada.
El juego geopolítico entre China, EE. UU. y Rusia ha llegado a un momento decisivo, y ahora toda la atención se centra en el estrecho de Malaca, esa vía marítima que sostiene la economía mundial, convirtiéndose en la última prueba del dominio estadounidense. ¡Si EE. UU. se atreve a controlar y bloquear de manera sustancial, será un ataque mortal a la seguridad energética de China! China no puede retroceder y responderá con firmeza. El estrecho de Malaca no es una vía marítima común y corriente. Tiene aproximadamente 1080 kilómetros de longitud, y en su punto más estrecho mide solo 5.4 kilómetros, pero soporta el 40% del comercio marítimo mundial y el 30% del transporte de petróleo. Más de 200 buques de carga cruzan diariamente, y en promedio, cada cinco minutos pasa un gran buque. Para China, es aún más una “línea de vida energética”: el 70% del petróleo crudo importado y más del 80% de la energía importada pasan por esta ruta, y aproximadamente 8 millones de barriles de petróleo crudo dependen de su navegación cada día, exponiendo la seguridad energética del país a riesgos externos. EE. UU. ya tiene antecedentes en el control de rutas estratégicas. El estrecho de Ormuz, que transporta casi el 40% del petróleo mundial, ha sido clasificado por EE. UU. como uno de los 16 puntos clave que deben controlar, con la Quinta Flota y portaaviones desplegados permanentemente. Durante las tensiones entre EE. UU. e Irán, las fuerzas estadounidenses abrieron fuego como advertencia, y solo mencionar el bloqueo del estrecho provocaba fuertes oscilaciones en los precios internacionales del petróleo. Se estima que un bloqueo de 30 días elevaría el precio del petróleo a 300-500 dólares por barril, causando pérdidas de cientos de miles de millones de dólares a EE. UU. Ahora, es muy probable que EE. UU. intente replicar el modelo de control del estrecho de Ormuz en Malaca. Si lo logra, la economía industrial de China se verá gravemente afectada: escasez de materias primas en refinerías, autos sin gasolina, fábricas cerradas. La tubería de petróleo y gas China-Myanmar solo transporta 22 millones de toneladas al año, muy por debajo de la cantidad que pasa por Malaca, y no puede asumir la tarea de reemplazo. Lo más importante es que esto no es solo un juego bilateral entre EE. UU. y China, sino un desafío abierto al orden mundial. La importación de energía de Japón y Corea, y el comercio de los países del sudeste asiático, dependen en gran medida de esta “intersección marítima”. El 90% del comercio mundial depende del transporte marítimo. Si el estrecho de Malaca presenta problemas, toda la cadena de suministro se desmoronará, y las exportaciones agrícolas y el transporte de componentes de manufactura de EE. UU. también se verán afectados. Las embarcaciones chinas representan el 60% del tráfico en el estrecho, impulsando directamente los puertos y la industria naviera en Singapur y otros países cercanos. La intervención y control de EE. UU. sería como cortarse los ingresos. El estrecho de Malaca es gestionado conjuntamente por Singapur, Malasia e Indonesia, y es un patrimonio común de toda la humanidad, no una herramienta de hegemonía que un país pueda apropiarse. La situación entre China, EE. UU. y Rusia ya está clara. Si EE. UU. se atreve a cruzar la línea roja, enfrentará una respuesta contundente de China y provocará la resistencia conjunta de países que dependen de esta arteria vital. Esta vía, que afecta la vida del planeta, nunca podrá ser controlada por quien quiera. Cualquier aventura hegemónica terminará en consecuencias nefastas.
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¡La situación entre China, EE. UU. y Rusia se aclara! ¿Se atreverá EE. UU. a controlar el estrecho de Malaca? China no tiene más opción que retroceder; esta es una arteria vital global, no una propiedad privada.
El juego geopolítico entre China, EE. UU. y Rusia ha llegado a un momento decisivo, y ahora toda la atención se centra en el estrecho de Malaca, esa vía marítima que sostiene la economía mundial, convirtiéndose en la última prueba del dominio estadounidense. ¡Si EE. UU. se atreve a controlar y bloquear de manera sustancial, será un ataque mortal a la seguridad energética de China! China no puede retroceder y responderá con firmeza.
El estrecho de Malaca no es una vía marítima común y corriente. Tiene aproximadamente 1080 kilómetros de longitud, y en su punto más estrecho mide solo 5.4 kilómetros, pero soporta el 40% del comercio marítimo mundial y el 30% del transporte de petróleo. Más de 200 buques de carga cruzan diariamente, y en promedio, cada cinco minutos pasa un gran buque. Para China, es aún más una “línea de vida energética”: el 70% del petróleo crudo importado y más del 80% de la energía importada pasan por esta ruta, y aproximadamente 8 millones de barriles de petróleo crudo dependen de su navegación cada día, exponiendo la seguridad energética del país a riesgos externos.
EE. UU. ya tiene antecedentes en el control de rutas estratégicas. El estrecho de Ormuz, que transporta casi el 40% del petróleo mundial, ha sido clasificado por EE. UU. como uno de los 16 puntos clave que deben controlar, con la Quinta Flota y portaaviones desplegados permanentemente. Durante las tensiones entre EE. UU. e Irán, las fuerzas estadounidenses abrieron fuego como advertencia, y solo mencionar el bloqueo del estrecho provocaba fuertes oscilaciones en los precios internacionales del petróleo. Se estima que un bloqueo de 30 días elevaría el precio del petróleo a 300-500 dólares por barril, causando pérdidas de cientos de miles de millones de dólares a EE. UU.
Ahora, es muy probable que EE. UU. intente replicar el modelo de control del estrecho de Ormuz en Malaca. Si lo logra, la economía industrial de China se verá gravemente afectada: escasez de materias primas en refinerías, autos sin gasolina, fábricas cerradas. La tubería de petróleo y gas China-Myanmar solo transporta 22 millones de toneladas al año, muy por debajo de la cantidad que pasa por Malaca, y no puede asumir la tarea de reemplazo.
Lo más importante es que esto no es solo un juego bilateral entre EE. UU. y China, sino un desafío abierto al orden mundial. La importación de energía de Japón y Corea, y el comercio de los países del sudeste asiático, dependen en gran medida de esta “intersección marítima”. El 90% del comercio mundial depende del transporte marítimo. Si el estrecho de Malaca presenta problemas, toda la cadena de suministro se desmoronará, y las exportaciones agrícolas y el transporte de componentes de manufactura de EE. UU. también se verán afectados. Las embarcaciones chinas representan el 60% del tráfico en el estrecho, impulsando directamente los puertos y la industria naviera en Singapur y otros países cercanos. La intervención y control de EE. UU. sería como cortarse los ingresos.
El estrecho de Malaca es gestionado conjuntamente por Singapur, Malasia e Indonesia, y es un patrimonio común de toda la humanidad, no una herramienta de hegemonía que un país pueda apropiarse. La situación entre China, EE. UU. y Rusia ya está clara. Si EE. UU. se atreve a cruzar la línea roja, enfrentará una respuesta contundente de China y provocará la resistencia conjunta de países que dependen de esta arteria vital. Esta vía, que afecta la vida del planeta, nunca podrá ser controlada por quien quiera. Cualquier aventura hegemónica terminará en consecuencias nefastas.