Recientemente he estado pensando en este problema exacto. Es más profundo que solo el dinero—la IA cambia fundamentalmente lo que impulsa a las personas a construir. La magia del código abierto nunca fue puramente técnica; era esa conexión humana. Sabías que alguien real, en algún lugar, se beneficiaría de tu código. Eso importaba. Pero, ¿qué pasa cuando las máquinas se convierten en los usuarios finales? ¿Cuando los agentes reemplazan a los humanos en ese ciclo de retroalimentación? Algo esencial se pierde. La motivación intrínseca—ese sentido de crear algo significativo para otra persona—empieza a desvanecerse. La pregunta no es si la IA es poderosa. Es si podemos preservar lo que hizo que construir en la comunidad abierta fuera tan gratificante en primer lugar.
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Recientemente he estado pensando en este problema exacto. Es más profundo que solo el dinero—la IA cambia fundamentalmente lo que impulsa a las personas a construir. La magia del código abierto nunca fue puramente técnica; era esa conexión humana. Sabías que alguien real, en algún lugar, se beneficiaría de tu código. Eso importaba. Pero, ¿qué pasa cuando las máquinas se convierten en los usuarios finales? ¿Cuando los agentes reemplazan a los humanos en ese ciclo de retroalimentación? Algo esencial se pierde. La motivación intrínseca—ese sentido de crear algo significativo para otra persona—empieza a desvanecerse. La pregunta no es si la IA es poderosa. Es si podemos preservar lo que hizo que construir en la comunidad abierta fuera tan gratificante en primer lugar.