Los mercados financieros recibieron una señal de alivio: el último índice de precios al consumidor mostró un 2,7%, situándose por debajo de la previsión consensuada en un 3,1%. Esta recuperación del ánimo ocurrió en un contexto que parecía poco favorable.
La política tarifaria no funcionó según lo planeado
Cuando la administración introdujo aranceles en abril del año pasado, los analistas predijeron casi unánimemente un aumento en la inflación del dólar. Sin embargo, la realidad resultó ser diferente. Los especialistas del Banco de la Reserva Federal de San Francisco realizaron un análisis de cómo los importadores se adaptaron a las nuevas condiciones. Resultó que las empresas reestructuraron su logística, obtuvieron exenciones aduaneras y trasladaron parcialmente el peso de los aranceles a sus propios hombros, en lugar de a los consumidores.
Los ingresos se desploman más rápido de lo esperado
Al mismo tiempo, en el ámbito fiscal se observa un desarrollo distinto. Los ingresos por tarifas cayeron de 34,2 mil millones de dólares en octubre a solo 3,02 mil millones en diciembre. Esta caída pone en duda los ingresos fiscales que esperaba la caja federal.
Según los cálculos de los expertos, la tarifa efectiva promedio alcanza el 12% y añade aproximadamente 0,9 puntos porcentuales al indicador de inflación PCE del dólar. Sin embargo, el mercado absorbió 0,4 puntos de esta presión, lo que explica por qué los consumidores no sintieron el impacto completo.
Crisis fiscal: la deuda supera las capacidades
La reducción en los ingresos aduaneros llega en el peor momento. Inicialmente, el gobierno esperaba obtener hasta 1 billón de dólares con el nuevo régimen tarifario, pero esas expectativas se esfumaron rápidamente. El déficit presupuestario de EE. UU. ya alcanzó los 439 mil millones de dólares, y la deuda nacional superó la barrera psicológica de 38,5 billones de dólares.
Esta dinámica crea una paradoja: la inflación del dólar se desacelera, pero las finanzas públicas muestran una tendencia opuesta. Para los inversores, esto significa una difícil elección entre el optimismo respecto a la política monetaria y la preocupación por la sostenibilidad financiera a largo plazo de EE. UU.
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Giro inesperado: la caída de la inflación del dólar sacude las previsiones del mercado en medio de la caída de los ingresos por tarifas
Los mercados financieros recibieron una señal de alivio: el último índice de precios al consumidor mostró un 2,7%, situándose por debajo de la previsión consensuada en un 3,1%. Esta recuperación del ánimo ocurrió en un contexto que parecía poco favorable.
La política tarifaria no funcionó según lo planeado
Cuando la administración introdujo aranceles en abril del año pasado, los analistas predijeron casi unánimemente un aumento en la inflación del dólar. Sin embargo, la realidad resultó ser diferente. Los especialistas del Banco de la Reserva Federal de San Francisco realizaron un análisis de cómo los importadores se adaptaron a las nuevas condiciones. Resultó que las empresas reestructuraron su logística, obtuvieron exenciones aduaneras y trasladaron parcialmente el peso de los aranceles a sus propios hombros, en lugar de a los consumidores.
Los ingresos se desploman más rápido de lo esperado
Al mismo tiempo, en el ámbito fiscal se observa un desarrollo distinto. Los ingresos por tarifas cayeron de 34,2 mil millones de dólares en octubre a solo 3,02 mil millones en diciembre. Esta caída pone en duda los ingresos fiscales que esperaba la caja federal.
Según los cálculos de los expertos, la tarifa efectiva promedio alcanza el 12% y añade aproximadamente 0,9 puntos porcentuales al indicador de inflación PCE del dólar. Sin embargo, el mercado absorbió 0,4 puntos de esta presión, lo que explica por qué los consumidores no sintieron el impacto completo.
Crisis fiscal: la deuda supera las capacidades
La reducción en los ingresos aduaneros llega en el peor momento. Inicialmente, el gobierno esperaba obtener hasta 1 billón de dólares con el nuevo régimen tarifario, pero esas expectativas se esfumaron rápidamente. El déficit presupuestario de EE. UU. ya alcanzó los 439 mil millones de dólares, y la deuda nacional superó la barrera psicológica de 38,5 billones de dólares.
Esta dinámica crea una paradoja: la inflación del dólar se desacelera, pero las finanzas públicas muestran una tendencia opuesta. Para los inversores, esto significa una difícil elección entre el optimismo respecto a la política monetaria y la preocupación por la sostenibilidad financiera a largo plazo de EE. UU.