El apagón de comunicaciones que atraviesa Irán en este momento marca un punto de inflexión que es difícil de sobrestimar. Los locales han soportado interrupciones en la conectividad antes durante períodos de disturbios civiles—se ha convertido en algo casi rutinario. Pero ¿esto? Es diferente. La escala y la gravedad superan con mucho cualquier cosa que el país haya enfrentado anteriormente. Los servicios de internet y teléfono son prácticamente inexistentes en vastas regiones. Para una población cada vez más dependiente de canales digitales para todo, desde finanzas hasta acceso a la información, las implicaciones son profundas. Este tipo de cierre de infraestructura plantea preguntas críticas sobre la resistencia de la red y por qué las alternativas descentralizadas importan más que nunca en regiones donde las autoridades centrales pueden simplemente desconectar la conexión.
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El apagón de comunicaciones que atraviesa Irán en este momento marca un punto de inflexión que es difícil de sobrestimar. Los locales han soportado interrupciones en la conectividad antes durante períodos de disturbios civiles—se ha convertido en algo casi rutinario. Pero ¿esto? Es diferente. La escala y la gravedad superan con mucho cualquier cosa que el país haya enfrentado anteriormente. Los servicios de internet y teléfono son prácticamente inexistentes en vastas regiones. Para una población cada vez más dependiente de canales digitales para todo, desde finanzas hasta acceso a la información, las implicaciones son profundas. Este tipo de cierre de infraestructura plantea preguntas críticas sobre la resistencia de la red y por qué las alternativas descentralizadas importan más que nunca en regiones donde las autoridades centrales pueden simplemente desconectar la conexión.