Por la tarde, tomando té en la terraza, me encontré con un hermano mayor que vale millones de yuanes, pero que parecía preocupado y revisaba su朋友圈.
Yo: Hermano mayor, ¿qué te preocupa con esas condiciones? Él: Mira a mi viejo compañero de clase, acaba de comprar un Rolls-Royce y publicó fotos esquiando en Suiza.
Yo: ¿No tienes también un Ferrari? ¿El año pasado fuiste al Ártico? Él: ¿Eso puede compararse? Antes en la clase no me iba tan bien como él, y ahora resulta que me pasa por encima.
Le dije: Tu sufrimiento no es porque vivas mal, sino porque has descubierto que “las personas que antes estaban por debajo de ti” están viviendo mejor que tú.
Él se quedó pensativo, y ni siquiera notó que se le cayó la ceniza del cigarro.
La humanidad es muy interesante: puedes aceptar que un desconocido sea el más rico del mundo, pero no puedes aceptar que tu vecino tenga un BMW más.
La llamada “sensación de felicidad” en realidad es una diferencia: mientras puedas sentirte un poquito mejor que las personas más cercanas a ti, podrás sonreír. Cuando esa diferencia desaparece, aunque comas manjares todos los días, sentirás que es comida de cerdo.
La tragedia de la vida es que siempre estamos midiendo nuestra felicidad con la vara de otros.
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Por la tarde, tomando té en la terraza, me encontré con un hermano mayor que vale millones de yuanes, pero que parecía preocupado y revisaba su朋友圈.
Yo: Hermano mayor, ¿qué te preocupa con esas condiciones? Él: Mira a mi viejo compañero de clase, acaba de comprar un Rolls-Royce y publicó fotos esquiando en Suiza.
Yo: ¿No tienes también un Ferrari? ¿El año pasado fuiste al Ártico? Él: ¿Eso puede compararse? Antes en la clase no me iba tan bien como él, y ahora resulta que me pasa por encima.
Le dije: Tu sufrimiento no es porque vivas mal, sino porque has descubierto que “las personas que antes estaban por debajo de ti” están viviendo mejor que tú.
Él se quedó pensativo, y ni siquiera notó que se le cayó la ceniza del cigarro.
La humanidad es muy interesante: puedes aceptar que un desconocido sea el más rico del mundo, pero no puedes aceptar que tu vecino tenga un BMW más.
La llamada “sensación de felicidad” en realidad es una diferencia: mientras puedas sentirte un poquito mejor que las personas más cercanas a ti, podrás sonreír. Cuando esa diferencia desaparece, aunque comas manjares todos los días, sentirás que es comida de cerdo.
La tragedia de la vida es que siempre estamos midiendo nuestra felicidad con la vara de otros.