Las películas de acción nunca son solo exhibiciones de músculo.
Son una rebelión romántica contra las leyes físicas por parte de los mortales. Cada vez que ruedan un nuevo plano, te están diciendo: los límites pueden ser probados, las reglas pueden ser quebradas, a los sesenta todavía se puede aprender a pilotar un helicóptero, a los setenta aún se puede rediseñar el abdomen. Esas voces que te dicen "ya no te esfuerces" de repente parecen muy ridículas. Lo que realmente permanece en la memoria del espectador no es cuántos disparos se han realizado. Sino esa silueta que no se rinde en medio de la lluvia de balas y disparos. No es que los músculos no se hayan atrofiado, sino que el espíritu no se ha doblegado.
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Las películas de acción nunca son solo exhibiciones de músculo.
Son una rebelión romántica contra las leyes físicas por parte de los mortales.
Cada vez que ruedan un nuevo plano, te están diciendo: los límites pueden ser probados, las reglas pueden ser quebradas, a los sesenta todavía se puede aprender a pilotar un helicóptero, a los setenta aún se puede rediseñar el abdomen.
Esas voces que te dicen "ya no te esfuerces" de repente parecen muy ridículas.
Lo que realmente permanece en la memoria del espectador no es cuántos disparos se han realizado.
Sino esa silueta que no se rinde en medio de la lluvia de balas y disparos.
No es que los músculos no se hayan atrofiado, sino que el espíritu no se ha doblegado.