Construyendo la próxima Estación Espacial Internacional: Cómo los costos de la plataforma orbital se desplomaron de $100 mil millones a $3 mil millones

La Estación Espacial Internacional costó aproximadamente 100 mil millones de dólares en su construcción, una cifra que la convirtió en el proyecto de infraestructura más caro de la historia de la humanidad. Ahora, a medida que esa plataforma orbital envejece y se acerca al fin de su vida operativa, una empresa cree que puede construir un reemplazo moderno por menos de un tercio de ese precio. Voyager Technologies se posiciona en el centro de esta revolución espacial, con planes ambiciosos para entregar una instalación orbital por aproximadamente entre 2.8 y 3.3 mil millones de dólares. Esta reducción drástica de costos plantea preguntas críticas sobre qué ha cambiado en la tecnología espacial y si la visión de esta startup realmente puede materializarse.

La economía del reemplazo de la estación espacial

El proyecto original de la Estación Espacial Internacional involucró a 15 naciones trabajando durante 13 años para ensamblar una estructura modular en órbita. Ese precio de 100 mil millones de dólares reflejaba prácticas de adquisición de la era de la Guerra Fría, donde la redundancia, la supervisión y las consideraciones políticas a menudo inflaban los costos. El enfoque actual difiere fundamentalmente. La plataforma Starlab propuesta por Voyager aprovechará diseños de hábitats metálicos probados que pueden desplegarse en un solo lanzamiento de SpaceX Starship, en comparación con la secuencia de ensamblaje de múltiples lanzamientos de la ISS.

La especificación técnica es particularmente destacable: un solo módulo Starlab reemplazaría aproximadamente el 45% del volumen presurizado perteneciente al segmento estadounidense de la Estación Espacial Internacional. Teóricamente, dos lanzamientos podrían igualar toda la capacidad de trabajo de la parte estadounidense. Al consolidar lo que la ISS tardó años en construir en lanzamientos que SpaceX puede ejecutar de forma rutinaria, Voyager ha encontrado la eficiencia de costos que los programas espaciales anteriores no lograron.

Starlab: colaboración internacional en la exploración espacial privada

El enfoque de Voyager no es una empresa en solitario; está orquestando un consorcio internacional. Palantir Technologies, Airbus, Mitsubishi de Japón y MDA Space de Canadá tienen participaciones en la empresa conjunta Starlab, con Voyager controlando el 67% de la propiedad. Airbus aporta el 30.5%, mientras que los otros tres socios mantienen participaciones menores. Además, Hilton y Northrop Grumman actúan como socios estratégicos sin participación accionaria, manejando diversas funciones operativas.

Esta estructura refleja un cambio en la forma en que se construye la infraestructura espacial. En lugar de un megaprojecto liderado por el gobierno que requiere batallas presupuestarias en el Congreso, Voyager ha formado un consorcio privado con experiencia en defensa, aeroespacial y tecnología repartida en varios continentes. El papel contratado de SpaceX—lanzar la plataforma a bordo de Starship en 2029—subraya cómo los proveedores de vuelos espaciales comerciales ahora permiten reducciones de costos antes impensables.

Realidad financiera: ingresos frente a plazos ambiciosos

Voyager generó 144.2 millones de dólares en ingresos durante 2024, un crecimiento del 6% respecto a los 136.1 millones de 2023. NASA sigue siendo el cliente más grande de la compañía, aportando el 25.6% de los ingresos recientes y habiendo comprometido 217.5 millones de dólares para el desarrollo del reemplazo de la ISS. De esa cantidad, 147.2 millones ya se distribuyeron entre 2022 y 2023. El gobierno de EE. UU. ha otorgado aproximadamente 800 millones de dólares en contratos totales y Acuerdos de Ley Espacial a Voyager, con 93.1 millones actualmente clasificados como trabajo pendiente—trabajo con contratos ejecutados en espera de cumplimiento.

Sin embargo, los ingresos actuales no cubren los gastos. Voyager reportó una pérdida neta de 65.6 millones de dólares en 2024, con pérdidas por acción de 9.88 dólares—un aumento del 88% respecto al año anterior. La compañía espera que las pérdidas aumenten a medida que se acelere el desarrollo de Starlab, siendo poco probable alcanzar la rentabilidad hasta 2029, cuando la estación espacial se lance y comience a generar ingresos operativos. Este es el camino típico de una inversión en infraestructura de capital intensivo: años de inversión preceden a años de retorno.

Valoración y perspectivas de inversión

La valoración anticipada de la IPO de Voyager, entre 2 y 3 mil millones de dólares, presenta una tesis de inversión desafiante. En el extremo inferior, 144.2 millones de dólares en ingresos de los últimos 12 meses implican un múltiplo precio-ventas de 13.6—alto para una compañía que aún quema efectivo. La empresa no tiene ganancias que respalden una valoración tradicional basada en beneficios, y no generará beneficios durante aproximadamente cuatro a cinco años.

Esto no es inherentemente una descalificación. Muchas empresas transformadoras operaron sin beneficios durante sus fases de desarrollo. La pregunta que los inversores deben responder es: ¿Está Voyager ejecutando una hoja de ruta tecnológica realista, o esta valoración apuesta por un potencial especulativo? La presentación ante la SEC ofrece detalles concretos—socios específicos, contratos nombrados con NASA, cronogramas definidos—que sugieren una capacidad de ejecución seria en lugar de vaporware. Sin embargo, el negocio aún no ha sido probado a gran escala.

Comprendiendo el perfil de riesgo

Para los potenciales inversores, la IPO de Voyager representa fundamentalmente una apuesta de alto riesgo sobre la ejecución. La compañía cuenta con alianzas técnicas, contratos gubernamentales y una fecha de lanzamiento específica (2029) en la que la plataforma debe funcionar. El éxito validaría el modelo de estación espacial de bajo costo y posicionaría a Voyager como un actor clave en la infraestructura orbital post-ISS. El fracaso podría resultar en pérdidas sustanciales y marcar otra víctima en el cementerio de proyectos espaciales demasiado ambiciosos.

El camino a seguir requiere que Voyager supere desafíos tecnológicos, mantenga la alineación de sus socios internacionales, coordine con el desarrollo de Starship de SpaceX y, eventualmente, opere una instalación orbital rentable. Es posible, pero apostar a este resultado requiere confianza en la ejecución de la empresa y tolerancia a la posibilidad de pérdida total.

La economía de la infraestructura espacial ha cambiado fundamentalmente, demostrando que reducir costos para el reemplazo de la estación espacial internacional es realmente posible de maneras que hace solo una década parecían imposibles. Queda por ver si Voyager Technologies cumplirá esa promesa, que será la cuestión central para los inversores que evalúan esta IPO.

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