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Muchos años después me atreví a admitir una cosa. Los traders, en realidad, son una existencia que combina Buda y demonio. Una mitad está en la práctica espiritual, la otra lucha en medio de los deseos. Durante el día, te dices a ti mismo que debes ser disciplinado, que debes controlar, que debes seguir la tendencia... Pero en la noche, no puedes evitar fantasear. Si esta operación sale bien, quizás todo cambie. En un instante, eres Buda. En otro, también eres demonio.
El verdadero tormento en el trading nunca es el mercado, sino ver en el mismo cuerpo a dos yoes. Uno de ellos está muy despierto. Sabe que las tendencias requieren paciencia, que las posiciones necesitan control, que el mercado no cambiará de dirección por tu ansiedad. El otro, sin embargo, arde como fuego. Anhela recuperar pérdidas, demostrar algo, cambiar su destino en una sola ola de volatilidad. Así que cada día experimentas una guerra interna. A veces ganas. Te controlas, observas cómo se desarrolla el mercado, y en realidad te sientes en paz. Otras veces, gana el demonio. Entras antes, colocas mucho en riesgo, retrasas el stop-loss, y después sabes claramente que no estás haciendo trading, sino que estás siendo llevado por el deseo.
La vida de Livermore tuvo altibajos enormes. De joven, era como una cuchilla afilada, atrevido a apostar, a estar solo, a enfrentarse al mercado. Pero en su vejez, se volvió cada vez más silencioso. Muchos dicen que eso es envejecimiento. Pero yo cada vez más creo que es una forma de autocontrol tras haber visto la verdad. Cuando alguien realmente atraviesa las aguas profundas del mercado, comprende lentamente que el trading no es vencer a otros, sino aprender a gestionar a ese “demonio” que hay dentro de uno mismo.
La tendencia no es difícil, lo difícil es la larga espera antes de que llegue. La oportunidad no es difícil, lo difícil es no actuar en ese momento cuando las ganas se desbordan. Los grandes no están libres de demonios. Pero saben: los demonios siempre están, solo que ya no escuchan sus órdenes.
Buda es claridad. El demonio, deseo.
La claridad te dice: el mercado siempre tiene la razón. Pero el deseo susurra en tu oído: quizás esta vez, puedas ser la excepción. Por eso, los traders experimentan una y otra vez un mismo estado. Crees que ya has entendido, pero en la próxima caída, vuelves a ser como antes. Esto no es fracaso. Es práctica espiritual. Cada impulso que se ve, cada deseo que se descubre, hace que la voz del “Buda” dentro de ti crezca poco a poco.
Luego, me escribí una frase: No intentes eliminar al demonio. Solo que no te tome haciendo las órdenes por él. La práctica espiritual no significa no tener deseos. Significa que, cuando los deseos surgen, aún puedes apart la mano del teclado. En ese momento, has ganado. No es ganar al mercado, sino ganar a ti mismo.
Muchos piensan que el trading es una técnica. Solo quienes avanzan en el camino saben que es un camino del corazón. Los gráficos solo son apariencia; la verdadera batalla está en tu interior. Por eso, quiero preguntarte: en el momento en que estás a punto de pulsar la tecla de trading, ¿qué escuchas? ¿Es Buda o demonio?