Una comida al día, libertad en las cuatro estaciones.


No es necesario complacer los gustos, ni ajustarse al ritmo.
Por la mañana, preparar un tazón de arroz caliente,
al atardecer, calentar un pequeño plato de verduras,
las trivialidades cotidianas siguen el corazón.
En los momentos de ocio, leer, tomar el aire, disfrutar lentamente del amanecer y el atardecer,
los días son simples y limpios.
Estar solo no es estar solo,
puro y libre, en el tiempo que le pertenece,
vivir despacio, con paz año tras año.
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