A los planes.


A los resultados.
A la manera en que esperabas que las cosas sucedieran.

Y ahora tu corazón se siente cansado, intentando cargar lo que es demasiado pesado solo.

Ese tipo de presión puede desgastarte.
Pero suavemente… puedes soltar.

No en derrota, sino en confianza.

No tienes que controlar todo para estar bien.

Puedes ponerlo todo en las manos de Dios, los miedos, las esperanzas, las preguntas sin responder.

Y susurra con un corazón dispuesto:

“Señor, entrego todo… que se haga Tu voluntad.”

Porque Sus planes no fallan. Su tiempo no se pierde. Su propósito aún permanece.

Rendirte no es perder el control, es poner tu vida en el cuidado perfecto de Dios.

“No sea mi voluntad, sino la Tuya.”
— Lucas 22:42

Oración:
Señor, suelto todo lo que he estado aferrando. Enséñame a confiar en Tu voluntad más que en la mía. Calma mis miedos, guía mi corazón y ayúdame a descansar en la paz que viene de entregarte todo. Creo que Tus planes son buenos, incluso cuando no los entiendo. Amén.
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