El 28 de febrero, según informes del FT, el presidente estadounidense Trump dijo el sábado que Estados Unidos e Israel lanzaron esa misma mañana una “operación a gran escala y en curso” contra Irán. Según muchas fuentes, se escucharon explosiones violentas en varios lugares de Teherán, y un denso humo se elevó en la zona donde se encuentra el palacio presidencial iraní, lo que hizo que la situación se volviera repentinamente tensa.
Trump afirmó que la acción militar estadounidense tenía como objetivo evitar que Irán amenazara los intereses de seguridad de Estados Unidos y sus países centrales, y prometió “destruir sus misiles” y “arrasar la industria misilística hasta los cimientos”. También se refirió al ataque estadounidense contra las instalaciones nucleares iraníes en junio del año pasado, subrayando que hubo varios intentos de negociar un acuerdo sin respuesta. Trump llamó públicamente a los miembros del IRGC a “deponer las armas” y prometió “inmunidad total” o “muerte segura”.
Por parte israelí, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, dijo que la operación era un ataque “preventivo” destinado a “eliminar la amenaza”. Israel ha declarado el estado de emergencia, cerrado su espacio aéreo, restringido las reuniones nacionales y advertido de posibles represalias por parte de misiles y drones iraníes.