Cuando me conecté por primera vez, en ese momento de contacto, fue especialmente cálido y ardiente, como si estuviera en otro mundo en comparación con las manos, y esa sensación de estar envuelto con firmeza hacía que uno se sintiera muy pleno por dentro. La ansiedad acumulada en toda la vida desapareció en ese instante de conexión, como si una muralla se hubiera construido en el cerebro, cualquier sonido externo y las preocupaciones pasadas ya no podían entrar. Solo quedaba en la mente la expectativa y la alegría de querer elevarse en ese momento. De hecho, ese momento de conexión ya fue muy
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