Descubrí una cosa, no puedo resistirme a los piropos del viejo.
Un niño pequeño piropeándome no le hago caso, solo pienso en "bestia inmunda", "asqueroso".
Por lo general, los niños pequeños tampoco se atreven mucho a piropearme aquí, porque la posición es claramente diferente.
Cuando el viejo intenta piropearme, lo acepto (aquí llamamos a los mayores de treinta años "viejos").
Cuando me encuentro con un viejo piropeándome, siempre pienso "que se vaya al diablo", "ay, no le queda mucho para poder seguir", "aguanta un poco, la tormenta pasará, que no se me pegue a mí"...
Ver originales