De repente me acordé del aeropuerto de Johor Bahru, del aeropuerto de Singapur, del aeropuerto de Hong Kong, y por cuestiones emocionales no pude evitar llorar solo. Luego, al girar la cabeza, me encontré con diferentes amigos del mundo de las criptomonedas. Ellos se acercaron a saludarme, a charlar un rato, a hablar de negocios. Ahora esas emociones ya pasaron, y al recordarlo, se han convertido en recuerdos adorables. Todavía creo que los amigos del mundo de las criptomonedas son muy buenos, y han hecho que mi vida sea muy interesante.
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